Tres caravanas y un sentimiento unánime: Néstor vive

Las tres caravanas convocadas por nuestra Central para conmemorar los diez años sin Néstor, partieron casi al unísono de sus respectivas concentraciones. A eso de las 15:00 de ayer, 27 del corriente, día en el que también festejamos el primer aniversario de la derrota electoral que le propinamos al macrismo, la caravana del sur partía desde la plaza Alsina, en Avellaneda; la del oeste lo hacía desde el peaje Lacarra, sobre la autopista 25 de Mayo y la del norte, tal vez la más numerosa, hacía lo propio desde la exESMA.

No fue fácil tomar la decisión de manifestarnos, otra vez, como lo habíamos hecho el 17 para conmemorar el Día de Lealtad. La pandemia se extiende por territorios donde, hasta hace poco, aún no había llegado y esto nos obligó a pensar y a repensar el temperamento a seguir. Finalmente optamos por la modalidad de las caravanas para preservarnos y preservar a los demás, pero también para reafirmar la decisión de ganar el espacio público en momentos en que las fuerzas más reaccionarias de la sociedad sostienen una ofensiva desestabilizadora contra el gobierno de Alberto y Cristina.

Todos nuestros vehículos exhibían el afiche conmemorativo que permitía ver el logo de la Central desde lejos y aun desde la altura de las imágenes captadas por los drones. ¿Cuántos autos, camionetas, colectivos, motos y bicis había? Imposible calcularlo. Lo que sí resultaría evidente, palpable e incontrovertible sería la emoción, la alegría popular en los cánticos y consignas rimadas, la certeza compartida por todas y todos de que habíamos hecho lo correcto al salir a la calle sin renunciar a ningún recaudo sanitario.

Hubo en la exESMA un acto sencillo y muy emotivo. Fue antes del arranque de la caravana. En el predio, con la presencia del secretario de Derechos Humanos, el compañero Horacio Pietragalla, con nuestra compañera Lola Berthet a cargo del Conti y un pequeño grupo de compañeras y compañeros de la gestión, se descubrió un mural alusivo a Néstor que lo muestra aquel 24 de marzo de 2004 ordenando que bajen los cuadros de los genocidas. Habló Horacio y también habló Hugo Yasky en su doble condición de Secretario General de la CTA y presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Lo acompañábamos, entre otros, Daniel Catalano, Gustavo Rollandi, Claudio Marín, Beto Pianelli y quien esto escribe, todos integrantes de la mesa nacional de la central.

La caravana norte, lo hemos dicho, probablemente la más numerosa de las tres, inició su lento avance por la avenida Libertador. Allí iban los taxistas de ATC, los telefónicos, los estatales de la ATE Verde y Blanca, los docentes del conurbano norte, los aeronáuticos, los cooperativistas y una enorme cantidad de gente que portaba banderas, fotos de Néstor, de Cristina, de Alberto y que, con toda seguridad, había acudido al llamado de la Central en las redes porque necesitaba estar y sentirse representada en esa columna. La caravana se detuvo justo en el medio del túnel de la avenida Libertador. Las estrofas de la Marcha Peronista, las consignas por los desaparecidos y la batería de petardos tuvieron, en esa condición, una caja de resonancia impensada. Doblamos después hacia la avenida 9 de Julio. Allí, al llegar al Obelisco, se produjo el encuentro con las caravanas del sur y del oeste y, tal como lo habíamos imaginado en las reuniones preparatorias, la alegría y la emoción se apoderó de todo el mundo.

Por fin, la cabecera de las tres caravanas llegó a la Plaza de Mayo. Era la primera manifestación organizada que arribaba al lugar histórico, al de las grandes páginas escritas por la voluntad indómita del pueblo del que formamos parte. Y el canto unánime, al igual que el sentimiento que lo impulsaba, no dejó margen a las dudas: “¡Néstor no se murió/ Néstor no se murió! / ¡Néstor vive en el pueblo/ la puta madre que los parió!”.

Cada garganta, cada bandera al aire, subrayó la determinación de no olvidar a quien, con coraje y sencillez, alejado de las pompas y las mieles del palacio, enfrentó a los poderes más oscuros de la Argentina y en la cara supo decirles, como aquel 24 de marzo de 2004, que no les tenía miedo. Ese ejemplo seguiremos. Nosotras y nosotros, quienes vivimos de nuestro trabajo y no del trabajo ajeno, ayer volvimos a juramentarnos en calles y plazas: no permitiremos que los dueños del gran capital financiero y de los grandes grupos económicos locales y ramificados en el exterior, cercen al gobierno nacional y lo obliguen a retroceder. Tampoco abandonaremos alegremente nuestras reivindicaciones. Queremos vivir dignamente, tener un techo, empleo, salud, educación y jubilaciones que honren las vidas dedicadas al trabajo y salarios que no subsidien los designios del capital.

A diez años de la muerte de Néstor, su ejemplo flamea sobre las nuevas generaciones de militantes populares y, como supo decir Evita, será llevado como bandera a la victoria.-

(*) Secretario de Comunicación