Leé y escuchá los testimonios de dirigentes de la Central

Cuando una persona cuenta su vida, no habla solamente sobre su vida. Habla sobre historias colectivas, sobre identidades y pertenencias que exceden lo individual. A 37 años del golpe cívico militar de 1976, la CTA homenajea a las víctimas y reconstruye esa etapa de la Argentina a través de relatos personales de dirigentes de nuestra Central, sobre un día en particular: el 24 de marzo de 1976.

¿Qué estabas haciendo el 24 de marzo de 1976?

Cuando una persona cuenta su vida, no habla solamente sobre su vida. Habla sobre historias colectivas, sobre identidades y pertenencias que exceden lo individual.

A 37 años del golpe cívico militar de 1976, la CTA homenajea a las víctimas y reconstruye esa etapa de la Argentina a través de relatos personales de dirigentes de nuestra Central, sobre un día en particular: el 24 de marzo de 1976.

Aquí están esas historias:

Marcelo “Nono” Frondizi, Secretario Adjunto de la CTA

El 24 de marzo fui a mi trabajo, yo era delegado general de la comisión interna de Talleres Protegidos y convoqué a los compañeros para hacer una asamblea para enfrentar el golpe. Eso intenté. Yo era muy joven y los compañeros con más experiencia me dijeron: “Vos lo que tenés que hacer, pibe, es rajarte de acá”. Yo en esa época era militante de la Juventud Trabajadora Peronista. Yo tomaba dos colectivos para ir a mi laburo y cuando bajaba del primero siempre iba a tomar una ginebrita y un café a las cinco y media de la mañana, y ahí sentí la música militar y la proclama del golpe. Así lo viví yo.

Victorio Paulón, Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA

El 24 de marzo del 76 estaba preso en la cárcel de Resistencia, Chaco. Estaba en un pabellón con diez compañeros de Villa Constitución. Lo del golpe era inminente pero cuando se concretó esa madrugada, los compañeros que estaban despiertos lo escucharon por radio, se produjo una situación rara. Los compañeros menos politizados pensaban que se terminaba el gobierno de Isabel Perón, que iban a salir en libertad. Yo en el fondo de mi corazón era absolutamente pesimista, la sensación de ese día era de un vacío grande. Veíamos los guardiacárceles barriendo el muro de la cárcel, y yo le dije en broma a un compañero que yo esperaba los fales y andan con escobas, así que tan grave no era. Se produjo como un silencio político, cortaron las visitas, estuvimos aislados un año y se fueron filtrando noticias del exterior y fuimos tomando conocimiento del genocidio que se producía. Yo en lo personal perdí contacto con mi propia familia.

Hugo Yasky, secretario general de la CTA

Ese día, todos los que militábamos en el Sindicato Docente nos reunimos, tomando precauciones, en la casa de una compañera de La Matanza. Fuimos siguiendo a través de las radios y las noticias que íbamos recibiendo, las circunstancia que se iban viviendo en ese día. Nosotros militábamos en el Sindicato de los Trabajadores de Educación de la Matanza. Pertenecíamos a la CTERA, que había convocado a un paro nacional de 24 horas y después vendría otro de 48 horas. Así que el golpe nos encontró en el medio de los preparativos del paro, con muchos debates internos acerca de cuál era la actitud que había que adoptar entre la instalación de un Gobierno dictatorial y el debate de los que pensaban que el golpe iba a pasar sin pena ni gloria, se imaginaban otra especie de Lanussazo y la posición de quienes preveíamos lamentablemente el desastre y la tragedia que vivimos en término de pérdidas de vidas de compañeros y compañeras. Ahí estábamos, tratando de pelear y de hacerle frente a esa situación.

Gustavo Rollandi, Secretario de Organización de la CTA

El 24 de marzo del 76 yo tenía 20 años y estaba haciendo el servicio militar nada más y nada menos que en el cerebro del ejército, el Comando en Jefe del Ejército. Ese día lo recuerdo mucho porque yo ya era militante y había sido delegado textil en una fábrica. Estaba de licencia por estar bajo bandera. Recuerdo que cuando me retiré, la noche del 23, el superior mío me dijo “prendé la radio porque pueden haber novedades esta noche y quizás tengas que presentarte”. Fue así, a las dos, tres de la mañana fue el primer comunicado. Yo contaba con cédula militar y pude atravesar todas las vallas y presentarme en el comando. Mi suboficial, que estaba por encima mío, me hizo levantar un vidrio de un viejo escritorio donde había una foto de Eva Perón. Me pidió que lo ayudara a sacar la foto. Doblamos la foto de Evita, la puso en una cajonera de esos escritorios viejos, puso un papel madera encima para tapar la foto y dijo: “Alguna vez la volveré a poner”. Quizás ese fue un hecho que me marcó. Desde ahí, aunque no me simpatizara mucho, veíamos a Isabel saliendo desde el helipuerto de Casa Rosada. Y recuerdo con mucha emoción, porque ya no vive, a mi padre, que era una persona comprometida con las luchas sociales y populares. Mi padre me citó en una bar de Alem, que todavía existe. Y me plantea que la mano venía dura, que pensaba que acá venía un horror muy grave, además ya venían cayendo compañeros ese mismo día, y me plantea que tenía un sobre con una plata y un billete para ir a Brasil. Yo ya tenía dos caídas preso previas y, entonces, había elementos para suponer que estaba en riesgo. Yo le dije a mi padre que no, que quería seguir militando en mi país, desde donde estuviese. Y me dijo algo que me marcó para siempre: “Pase lo que pase, se que vienen tiempos muy duros y yo siempre quiero hablar de vos con orgullo”. Yo caigo detenido después, a los meses, y en los primeros tiempos de desaparecido me ayudaron mucho las palabras de mi viejo: “Dejame hablar de vos sin vergüenza”.

Claudio Marín, Secretario Gremial de la CTA y Secretario General Adjunto de FOETRA

Yo militaba en el PST y estábamos cerrando el periódico. La tapa decía: “Todos duros con el Plan Mondelli”, y había un martillo gigante que pegaba contra el Plan Mondelli. Ninguno de nosotros caracterizaba correctamente lo que se venía. Todos entendimos que se venía un golpe militar, pero pensábamos que era un golpe como los anteriores. Ni desde el análisis político ni desde lo que se veía en la calle se podía pensar que lo de la Triple A y los secuestros a militantes podía tener el correlato que tuvo. Si dijera más, mentiría.

Diego “Pity” Galíndez, Secretario de Cultura de la CTA

Yo estaba en el colegio, en séptimo grado. Me acuerdo que me fue a buscar mi viejo. Mi familia estaba muy dividida: había peronistas, gorilas y conservas. Mi viejo era un conserva antimilitarista. Me fue a buscar a clase y en el colectivo trataba de explicarme que estaba pasando de vuelta lo que creía que nunca más iba a pasar. Me explicó que habían derrocado al gobierno de Isabel. Y hasta ahí. No se hablaba mucho más con los chicos de esos temas. Llegué a mi casa y mi abuela y mi tía lloraban como marranas. Vivíamos con mi abuela en esa época. Eran recontraperonistas mal. Mi tía laburaba en el ministerio de Trabajo en la parte de inspecciones, era hasta de armas llevar. Para ellas estaban echando a la mujer del General. Hubo mucha gente de mi familia que se puso contenta. Y gente que, siendo antiperonista, como mi viejo, sostenían que no era ese sistema. Mi viejo decía una cosa graciosa: los civiles se pueden militarizar pero es difícil que los militares puedan civilizarse. Ese era el concepto de un conserva al que voy a seguir tomando como modelo toda mi vida. Ese fue mi 24 de marzo, a mis 12 años.

Carlos Girotti, miembro de la Conducción Nacional de la CTA

Para el 24 de marzo yo ya estaba en la clandestinidad. La mamá de mi hija trabajaba como docente y militaba. Cuando escuché en la radio las marchas militares, comprendí rápidamente que habían dado un golpe. Ya en diciembre del ’75, en la fábrica mis compañeros y yo parodiábamos un golpe militar sobre la cadena de montaje, haciendo un desfile militar, alguien cantaba la Marcha de San Lorenzo. Después del Rodrigazo, los laburantes sabíamos que se venía un golpe de estado. Flotaba en el aire. Las organizaciones revolucionarias no teníamos una cabal comprensión de esto. Y a pesar de la contundencia de la evidencia, yo no pude vislumbrar el horror que vendría después y creo que nadie tenía una dimensión exacta. Unos meses después, bien entrado el ’76, los milicos me van a buscar a la casa de mi vieja. Van varias veces y en una de esas se la llevan a mi hermana. Todo el tiempo que ella estuvo secuestrada, la torturaban a mi vieja. La llamaban a cada hora, durante todo el día, diciéndole más o menos “Señora, si usted quiere volver a ver a su hija, díganos dónde está su hijo”. Hasta que la soltaron. Mi hermana no militaba y fue un milagro, porque los vecinos del barrio donde yo crecí eran todos compañeros trabajadores de prensa y el mismo día del operativo militar donde la secuestran a mi hermana, logran meter un artículo en La Razón indicando con nombre y apellido la identidad de mi hermana e identificando a la Fuerza Aerea como fuerza militar que había actuado. Eso fue lo que le salvó la vida a mi hermana y lo que hizo que la devolvieran, con una recomendación. La dejaron en el puente de General Paz y Rivadavia y le dijeron “decile a tu hermano que se deje de joder, que va a ser boleta, que este es un país de trabajo”.

Julio Albornoz, diseñador gráfico de Prensa de CTA Nacional

Nosotros vinimos de Mendoza en el año 72 por un trabajo de mi viejo que era el Director de Talleres de La Opinión. Recuerdo que la gente de donde nosotros vivíamos, que era en Rodríguez Peña y Libertador, había salido a aplaudir a las veredas y a festejar. Y creo que fue al otro día que en el colegio, después que tocaron el Himno, el director de la primaria, que se llamaba Vallejos, nos dio un discurso sobre que ahora la patria iba a progresar en paz y en concordia. Un montón de cosas de las que nosotros no teníamos la menor idea que nos estaba diciendo, pero que empezaba una nueva Argentina. Ligado al tema de los diarios, en mi casa siempre se hablaba en los almuerzos, cuando estaban tanto mi viejo como mi hermano, que laburaba en publicidad en el Diario La Opinión, de la situación, de lo que estaba pasando, en el diario sobre todo. Y yo, de muy chico, que siempre me gustó el tema de la gráfica, lo acompañaba a mi viejo los fines de semana, sobre todo los sábados, al taller de Aleman, que estaba en la calle Reconquista, en donde se trabajaba con plomo y todo eso, se armaban las páginas del diario y después se iban a imprimir. Me acuerdo que a veces íbamos a la redacción y que una tarde, que había un gran conflicto en el Diario, que no salía, estaba trabajo, lo acompañé hasta la redacción porque tenía una reunión con las gerencias de personal, Timerman había citado a todos. Y me acuerdo haber entrado a la redacción, donde había una mujer, una chica muy jovencita, flaquita, arriba de un escritorio a los gritos. Al tiempo me enteré que esa era Victoria Walsh, que en ese momento era la secretaria de la Comisión Interna.

José Testoni, secretario general de la CTA Santa Fé

Mi familia no era de militancia política ni sindical, pero sí muy sensible. Somos seis hermanos. Mi viejo militaba a su manera en la Iglesia, éramos una familia cristiana y muy sensible ante el dolor ajeno. Eso siempre fue así y aquel 24 de marzo no fue distinto. Fue muy triste para nosotros porque el relato de mi madre fue “estamos ante un hecho histórico”. Nos sentó a todos frente al televisor, yo tenía seis años, a escuchar la lamentable conferencia de prensa de la Junta y las palabras de Rafael Videla y advertirnos que nuestro país entraba en una etapa que sabíamos que iba a ser muy negra. Ese es el recuerdo. A pesar de mi corta edad, es un recuerdo imborrable. Esas palabras de mi vieja en el living de mi casa, ante un televisor viejo, blanco y negro, quedaron grabadas para toda mi vida.

Norberto Gonzalo, vocal en la mesa nacional de la CTA
El 24 de marzo del ’76 estábamos con varios compañeros en el Teatro Escuela Argentino que dirigía Pedro Aleandro, Norma Aleandro y María Luisa Robledo, que actualmente ya no existe. Quedaba en San Luis y Anchorena, en el barrio de Abasto. Nos encontró ahí el golpe. Por supuesto que la gran mayoría de nosotros militábamos políticamente, así que estábamos esperando de un momento a otro esta novedad que ya no era novedad. La noche anterior habíamos estado juntos también porque había varios compañeros que estaban preparándose para el exilio. Ese día, a la noche, hicimos una reunión bastante más amplia, con varios de esos compañeros. Algunos arrancaron el exilio en ese momento y otros continuamos la militancia, activando en política como veníamos con otra perspectiva, conocedores de lo que venía encima. Esa noche, después hicimos otra reunión acá en San Telmo, en la casa de otro compañero. Éramos unos 30 compañeros preparando lo que era el exilio de los que sabíamos que tenían que irse. Fue un día bravo. Pero además, de muchísima militancia.