Fundamentos de los votos de Yasky y Carro en Diputados

Inserción Diputado YASKY HUGO RUBEN
Reunión 10-3-2022 SESION ESPECIAL O.D 3 OPERACIONES DE CRÉDITO PÚBLICO CONTENIDAS EN PROGRAMA DE FACILIDADES EXTENDIDAS ENTRE P.E. Y F.M.I. EXPEDIENTE 0001-PE-2022.-

Señor Presidente:

En esta ocasión he decidido insertar los fundamentos del sentido de mi voto, y del Diputado Pablo Carro, ambos integrantes de la CTA, a través del presente escrito en lugar de utilizar el espacio para pronunciar un discurso en el recinto. He considerado que cinco minutos es muy poco tiempo para abordar las consecuencias del regreso del FMI a la Argentina con un préstamo tan bochornoso y desmesurado como la posterior fuga de capitales que hizo que esos recursos desaparecieran del país sin dejar rastros. Seguramente el ingeniero Macri volvería a decir que cinco minutos son más que suficientes.

Lo primero, señor presidente, es recordar que llegamos a este debate en el contexto de una crisis social con altos niveles de pobreza y desigualdad que, pandemia mediante, aún persisten. A pesar de dos años de Gobierno del Frente de Todos, que muestran algunos signos de recuperación de la actividad económica pero que no alivian todavía la situación de quienes viven en la pobreza. Lo que hoy discutimos tuvo su punto de gestación en el 2018. Fue en ese año que la apertura de la economía más la especulación financiera y el pago dispendioso a los fondos buitres configuraron una tormenta perfecta que hizo que Macri se arrojara en estado de pánico a los brazos del FMI.

Ante ello, la CTA junto a las expresiones combativas de la CGT salimos a las calles con la consigna “La patria está en peligro”. A pesar de que la gran capacidad de movilización de nuestro pueblo fue llevando al macrismo hacia su derrota electoral, no logramos impedir que se consumara en 2018 el operativo de salvataje con que la administración de Donald Trump pretendió evitar el derrumbe de uno de sus alfiles. Nos referimos al megaprestamo del FMI. Efectivamente, derrotamos al macrismo en las urnas, pero la estaca de la deuda externa quedó clavada.

No quiero abrumar a los colegas legisladores de la oposición con hechos que, por la forma en que hablan, evidentemente se han borrado de su memoria. Pero lo cierto es que este salto al vacío fue aplaudido como un signo de la reinserción de la Argentina “que volvía a codearse con las grandes naciones del mundo”. El Ministro de Economía por aquel entonces, Nicolás Dujovne, se sumó a los elogios de los grupos dominantes argumentando que la ventaja de este acuerdo con el FMI era que la política económica de nuestro país quedaría atada por muchos años a los dictados y el control de tecnocracia de ese organismo. Justamente lo que Néstor Kirchner pretendió dejar atrás cuando decidió saldar la deuda externa en el año 2009.

Señor presidente, he escuchado en este recinto decir que lo acordado con el FMI por nuestro Gobierno equivale a dejarle un “bomba de tiempo” al próximo. No lo quiero dejar pasar. Reclamo un mínimo de honestidad intelectual porque tener que pagar 19 mil millones de dólares este año y 20 mil millones el año que viene, tal como se comprometió el Ingeniero Macri, equivale como mínimo a varias ojivas nucleares pendiendo como piñatas sobre la cabeza de los habitantes de este país.

La realidad es que, a partir de ahora, ante el hecho consumado del endeudamiento y la inevitable reinstalación del FMI en la economía argentina, el poder dominante local y la oposición que encarna sus intereses van a tratar de instalar como un hecho irreversible que el único camino que le queda a nuestro país es aplicar nuevamente la receta del ajuste neoliberal. Es más, escuché con estupor la queja airada de varios representantes de la oposición que consideran demasiado tibias las condicionalidades impuestas en el programa acordado.

Está fuera de discusión que, a diferencia de lo que opinaba Dujovne y los representantes de los grupos empresarios dominantes, para el pueblo argentino es pésimo que el Fondo Monetario vuelva a condicionar nuestra economía, pero también es irrebatible que el escenario de turbulencias económicas al que nos arrastraría entrar en default pondría a nuestro país y a nuestra gente en medio de un colapso económico y productivo devastador. Dicho sea de paso, el escenario apocalíptico que imagina el núcleo duro macrista para reinstalar en la Casa Rosada al gobierno de los ricos para los ricos, incluso antes del 2023, como ellos mismos lo han dicho.

Señor presidente, duele tener que admitirlo pero hoy la aprobación de este acuerdo tal como lo señaló el Diputado Carlos Heller, en su presentación inicial, significa lisa y llanamente la posibilidad de ganar tiempo para intentar construir mejores condiciones económicas para afrontar esta deuda impagable y también -esto lo afirmo yo- la posibilidad de recuperar un tiempo político de mayor protagonismo del campo popular, sin el cual la influencia de los poderes económicos nos impondrá por inercia que el hilo vuelva a cortarse por lo más delgado. Es decir, que los recursos que el FMI reclama salgan de los menos tienen. Lo que significará más pobreza, menos empleos, estancamiento productivo y un deterioro social en aumento que sería regresar al infierno del fundamentalismo neoliberal.

Para quienes, como Pablo Carro y yo, somos diputados surgidos de la lucha sindical no es una opción posible limitarnos a asumir una posición crítica que nos ponga a salvo o que nos deje tranquilos con nuestra conciencia. Tampoco podemos hacer una lectura que nos haga mirar con derrotismo lo que viene de aquí en más, ni caer en el discurso de que “son todos lo mismo”. Ese es el remanido recurso dialéctico de los que construyen su carrera política lanzando ataques contra la supuesta casta política para cuidarle las espaldas a la única casta que impone sus intereses al resto de nuestro pueblo y que es la que concentra en sus manos el poder financiero y económico de nuestro país. El daño sufrido por nuestro pueblo entre el 2015 y el 2019 no puede permitirnos ser banales en relación con esta cuestión. Nosotros tenemos la obligación de hacernos cargo de que, si la derecha neoliberal en cualquiera de sus variantes volviera a gobernar el país, utilizaría como una trepanadora esta deuda ante el FMI para profundizar las políticas de explotación y entrega que el gobierno de Mauricio Macri no terminó de llevar hasta el hueso.

Señor presidente, por estas razones es que estamos convencidos que la firma del acuerdo con el FMI no equivale al fin de la historia ni clausura las disputas en el campo social en búsqueda de un modelo de país más justo y menos desigual. Entre todos deberemos encontrar un camino para un reagrupamiento de las fuerzas populares capaz de impulsar una dinámica social que nos permita avanzar en la disputa para lograr que el ajuste lo paguen aquellos sectores que se beneficiaron con la fuga de capitales y el festival de la especulación financiera. Tendremos que encontrar el camino para que, en coincidencia con las revisiones trimestrales del FMI, pongamos en acción escenarios de movilización en los que instalemos en forma paralela auditorias para revisar la evolución de la Deuda Interna. Las organizaciones sindicales, sociales, de pequeños y medianos empresarios, cooperativistas, organismos de DD.HH., debemos constituirnos en revisores de la deuda interna para que se cumplan la meta de que el ajuste no recaiga sobre el pueblo.

Por último, señor Presidente, es necesario reafirmar el papel que le cabe a la comisión parlamentaria encargada de investigar el endeudamiento de 2018, del mismo modo que se debe seguir adelante con la investigación judicial del destino de los recursos de la Deuda Externa y la tipificación de la figura de economicidio para castigar a los responsables de los delitos económicos contra nuestro pueblo.
Esta hipoteca que tenemos que enfrentar los argentinos será mucho menos pesada si somos capaces de generar instrumentos para el control estricto a los grandes evasores, al contrabando de granos, a la compra y venta de dólares en circuitos financieros especulativos o a través de mecanismos utilizados en operaciones fraudulentas de empresas con filiales en el exterior. En definitiva, se trata de aplicar medidas que sean eficaces para terminar con el drenaje de divisas que en estas circunstancias tienen que ser denunciadas como actos antisociales. Hay que terminar definitivamente con todos los resquicios legales y jurídicos que han sido hasta hoy funcionales a la especulación, la evasión en masa y el parasitismo financiero.

Si esta dinámica social es la que logramos imponer los sectores populares, será la oportunidad de construir colectivamente un nuevo tiempo político que nos permita poner en marcha la idea de un Nunca Más al FMI y al endeudamiento externo.

Gracias, señor Presidente.