Evita, Cristina y Milagro: violencia política de género

Reflexiones de una práctica institucional

“Cáncer es un conjunto de enfermedades relacionadas. En todos los tipos de cáncer, algunas de las células del cuerpo empiezan a dividirse sin detenerse y se disemina a los tejidos del derredor. Las células cancerosas siguen creciendo y dividiéndose de forma descontrolada, y no se mueren cuando lo deberían hacer.”

Esta enfermedad, cuya cura aún no conoce el mundo, ha sido vitoreada por la derecha argentina, oligárquica, eclesial y mediática en los días mas tristes vividos por la clase trabajadora argentina. María Eva Duarte de Perón, la primera dama, abanderada de los humildes, agonizaba con su dignidad mientras depositaba su voto por primera vez, abriéndonos a todas la puerta para legarnos la primera conquista política. Derecho negado a lo largo de la historia hasta mis abuelas. Su cuerpo profanado, violado y desaparecido. Viva el cáncer, pintaban las paredes los enemigos de siempre. Ella como su cáncer: “no se muere cuando lo debería hacer”. Y se volvió bandera.

Misma derecha, miserable proeza

El último gobierno llevado adelante por esta misma derecha, recargada ahora de nuevas estrategias mediáticas y judiciales bajo la misma doctrina, ponía en marcha en sus primeros días de gestión, un “preludio inaugural y aleccionador”, el cautiverio a Milagro Sala. En este caso, Gerardo Morales, el empresario Carlos Pedro Blaquier y el Poder Judicial jujeño, (institución que eximió al empresario de responsabilidades sobre la tortura y desaparición de obreros del ingenio Ledesma, secuestrados en las camionetas de la propia empresa en 1976); mientras, “los medios”, intentaban degradar su envergadura representativa a través de la estigmatización de dirigente piquetera corrupta, cuando se trataba de una legisladora electa por el voto popular para representar a la provincia de Jujuy en el Mercosur, dirigenta de una de las organizaciones sociales mas importante del país. Así, Gobierno, poder judicial y empresario cómplice del terrorismo de Estado, en definitiva articularon esta miserable proeza.

Milagro Sala, que a diferencia de Eva y Cristina, aún continúa privada de su libertad, concentra en su cuerpo e identidad la carga múltiple de toda la violencia política, por mujer, coya, organizada y ejerciendo un tipo de poder, siempre combatido por las derechas latinoamericanas y sus intereses explotadores, como son las democracias populares y representativas lideradas por mujeres que hacen política, no otra cosa.
Histórica e institucional.

Después de 68 años, en una mesa rancia de almuerzo acartonado, un misógino mediático, perverso comunicacional, vuelve a utilizar esta enfermedad comparativamente, en esta ocasión, hacia la vicepresidenta de la nación Cristina Fernández de Kirchner. No se dudó en el repudio masivo en redes y comunicados de organizaciones políticas, sindicales, sociales y estudiantiles que tales expresiones despertó en la militancia, fundamentalmente.

Pero la violencia política hacia las mujeres, es la piedra angular de una práctica histórica institucional a desmantelar. Desde el Viva el cáncer y los vejámenes a Evita, las torturas y violaciones a las militantes presas y desaparecidas y la apropiación de sus bebés, o la persecución mediática y judicial a Cristina y el cautiverio a Milagro, la oligarquía, desde siempre misógina, instrumenta la violencia política que se ejerce y se legitima desde el Poder Judicial y los medios de comunicación hegemónicos.

Extirpar la violencia, curar nuestras heridas

Evita, Cristina y Milagro Sala, son hoy la expresión mas explícita de la violencia que carga el establishment sobre las mujeres que hacemos política. Y si además son negras, coyas y del norte de país, la violencia recrudece y la humillación, castigos de machos, conforma el show mediático, que sin dudas las nuevas generaciones no lo toleran más. La libertad de Milagro Sala hoy es "el acto reparatorio" de una fuerte carga simbólica para el campo popular en su conjunto y aún más al movimiento feminista. Su estigmatización y cautiverio es la llaga de la violencia política.

Poder político, económico y judicial acumulado a lo largo de la historia en manos de un mismo grupo de familias con patrimonios fundados en la impunidad. La misma impunidad con la que siempre contaron, siendo cómplices y partícipes del terrorismo de Estado y la estafa al pueblo en su totalidad, con la estatización de deudas privadas y endeudamiento a mas de 100 años. Combatir la violencia política, nos lleva a identificar la responsabilidad institucional.

Todo esta concatenado, nos dice Cristina, todo tiene que ver con todo, y hoy las batallas sobre los sentidos nos convoca a ejercitar la memoria para desmantelar los “cobardes sentidos Etchecopar”, reivindicando nuestras mujeres, nuestras travestis, nuestras maestras, nuestras abuelas, nuestras madres. Las que salieron de sus casas por el bien común, a hacer política, esa maravillosa herramienta de emancipación colectiva. Vaya la pena a los Babis y los herederos de la fusiladora, porque como el cáncer, no mueren, se multiplican.

(*) Secretaria General CTA Chaco