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El orfebre o el elogio del metal

Viernes 6 de septiembre de 2013, por India Rodriguez

“Soy Marcelo “Tito” Ortega, nací en Metán, provincia de Salta. Y soy platero”. Así se presenta el hombre. Lleva la carga de la vida con sobriedad campesina, esa cultura que mestiza el indio con la aristocracia virreinal que bajaba del Alto Perú y que poco queda y la propia ciudad de Metán también parece ha ver borrado su pasado. Al desaparecer Esteco da origen a los pueblos de Metán (Viejo) y de Rosario de la Frontera. La ciudad colonial fue castigada por el Terremoto de Salta 1692, el 13 de septiembre del siglo XVII.

Esa es la tierra de Ortega, platero de oficio –como ya lo presentamos. Y una media tarde en su casa metanense, en su casa taller y Lorena, una lora sublime que adoptó hace cinco años pero le supone veinte de vida, el hombre suelta de a poco, parco, su historia: Ha sido minero en Río Turbio, ha formado familia lejos de su Metán. Al fallecer la madre de sus hijos, la nostalgia lo trajo de nuevo al pago. En su familia, en el pago y nueva pareja, encuentra los caminos de la vida. Y ahí se encuentra con un taller que da la familia Pallarols, capacitando artesanos. Eso hizo que su vida cambiara, abrió puertas y permitió que recorriera mundo, y que ahora sea formador de artesanos. Sí, esta es la historia de un hombre que no sacó el cuerpo cuando el destino le dio una oportunidad. Y esta es su vida:

-Me decía que había empezado su carrera como herrero. ¿Venía de su padre?

No. Nosotros vivíamos en el campo y entonces teníamos que hacer todo, porque estás solo y tienes que hacerte todo. Ahí fui aprendiendo, desde cómo construir o hacer rejas, soldar. Hasta hacer las herramientas de laboreo y todas esas cosas. Entonces eso nos ha forjado vamos a decir en el manejo de resolver. Acá cuando se hace las artesanías hay que resolver, porque la artesanía es un producto utilitario bello o sea, no solamente hacerlo útil y es ahí donde uno debe emplear mucho ingenio y resolución para poder resolver cómo se van hacer las cosas. La artesanía consiste en eso. Utilidad y belleza. Hoy en día se trabaja mucho la regalaría, pero siempre es el utilitario, pero con belleza.

-Decía que había estado trabajando en Río Turbio.

He trabajado en la Patagonia la mayor parte de mi vida. Me fui muy jovencito de Metán y he vivido afuera casi todo el tiempo y siempre ha sido en esa zona, entre Río Turbio y Río Gallegos.

-¿Qué hacía ahí, trabajaba en la Mina?

Trabajé en Yacimientos carboníferos siempre. Estuve ahí y bueno esta es una empresa muy grande. Tiene transportes marítimos, terrestres por ferrocarriles, la explotación de las minas, el procesamiento del carbón. Yo trabajé en ferrocarriles, es un ferrocarril corto de 300 km que viene desde Río Turbio hasta Río Gallegos nada más. Una trocha angostita, pero que transporta el mineral es para eso y nada más. El personal de la empresa que trabaja en ese trayecto porque hay muchos campamentos. Trabajé en esa gerencia muchos años, después entre Río Gallegos y Río Turbio. Estuve establecido en Río Turbio, muchos años también, trabajando en otras áreas. En el área social, la empresa tenía en el yacimiento un sistema de alojamiento grandísimo que alojaba a más de dos mil personas, muchos pabellones. Hay toda una estructura ahí administrativa y organizativa para poder mantener esas estructuras. En el área social he trabajado algunos años en el yacimiento y también en las minas.

 ¿Y después se vuelve para Metan?

Bueno yo he armado una familia allá. Tengo mis hijos que viven todavía en Río Gallegos. Ellos son de ahí, han nacido ahí y se quedaron. Después quedé viudo, vivía solo y me entró la nostalgia y decidí venirme a Metán acercarme a mi madre y mi hermana que viven todas acá. Entonces hice ese paso. Renuncié a la empresa y me vine al pago a empezar otra vida

-¿En el Turbio se dedicaba a la platería?

No, no apareció acá en Salta. Lo de la platería comienza cuando recién vengo del sur a Metán, inmediatamente. Nosotros con mi esposa vivíamos en el campo y empiezo hacer artesanías. Hasta que descubro que estaba la escuela de los Pallarols en Salta. Que no les quedaban mucho, ya estaban planeando levantar la escuela. Así que bueno me fui a Salta capital. Me entrevisté con Jorge Pablo Pallarols, uno de los hijos del maestro, que actualmente vive en Buenos Aires y tiene su negocio en Puerto Madero. Y me tomó en su taller, en su escuela. Es difícil porque tiene cupos muy reducidos y sorpresivamente. me encontré con que dentro de esa escuela no habían artesanos. Era toda gente que iba aprender por hobby, casi todos hobbystas, gente de un gran nivel económico, intelectual y que le gusta hacer y aprender cosas. Y eso me alentó porque veía que la mayoría de los artesanos, a pesar de que había una escuela en Salta, la mayoría prefería seguir tocando de oído. O sea, no aprender, no enriquecerse, no diversificar la expresión.

-Cuando lo vimos en Tecnópolis, estaba convencida de que era el hijo de Pallarols.

El hijo morocho. Bueno, él anda siempre con los sobrinos, el hijo, las hijas y los discípulos que tiene en San Telmo. Cuando iba hacer este trabajo que he ido por todas las provincias, inclusive fuera de la Argentina, llevando el bastón presidencial. En Rusia, EEUU, España y otros países y ha participado muchísima gente y bueno nosotros estuvimos. Realmente es una bendición. Porque eso es una enseñanza, muy importante de generosidad. Eso no lo hace cualquiera. De darle participación a mucha gente. Bueno, estas son las herramientas autenticas de generosidad, de una acción participativa de verdad.
En otras épocas, han establecido sucursales en distintas provincias, principalmente en Salta, porque la platería es una expresión en la cultura popular que se da principalmente en Salta y en Buenos Aires, más para la zona de La Plata, San Antonio de Areco.

Esa zona donde la platería es muy fuerte de igual manera que en Salta y en el resto de la Argentina no es muy común la platería, la orfebrería. En estos dos lugares si. Y esto ocurre porque en la época de la Colonia los españoles tenían un centro de explotación de minerales como la plata y el oro en esta zona. O sea en la zona del Altiplano principalmente Perú, Bolivia y los Valles de Salta. Entonces la gran concentración de estos valores, de estas piezas de estos minerales, eran concentrados en Salta. Ahí había una Plaza de Mulas, se llamaba en ese tiempo, era un mercado concentrador de productos y esto iba hacia Buenos Aires. Allí, en la zona de San Antonio de Areco, por razones de seguridad se almacenaba y de ahí a embarcar al puerto de la Ciudad de Buenos Aires y de ahí, a España.

En un momento Lorena, la lora, posa ante la cámara. Reluce. Y el calor bajo del cielo como una mano que te aplasta. Ortega no parece incomodarse, es un mundo, ahí nació. Y su entusiasmo se va extendiendo en palabra:

Pero aquí no sólo hay plateros argentinos, de Salta, sino también gente que viene de Perú y Bolivia a Salta. En este momento, Salta es un mercado productor muy grande de platería que trabaja para el mundo entero. Hay mucha cantidad de plateros en Salta de ahí es que los Pallarols se establecen con una escuela, porque hay muchos plateros, muchos aprendices y otros que aprendieron de oído y no conocían la parte técnica, química, la especificación de los materiales, la denominación de las herramientas, las herramientas adecuadas. Esto ha enriquecido muchísimo plateros acá en Salta.
Todos aprendíamos así nomás, mirando, yo también, quizás a un cincel le decíamos este “fierrito”, pero no conocíamos las especificaciones técnicas y esto es universal o sea en todo el mundo tienen la misma especificación técnica. Tanto los materiales como los insumos, las herramientas y las maquinarias que se utilizan. Esto nos ha enriquecido, hemos aprendido. Esta bendición, como siempre digo, de prepararnos para el trabajo y también para la vida, porque hemos aprendido muchas de las conductas que son fundamentales, y el trabajo, su resultado.

-Y el talento.

A veces quizás, el talento no es tan importante como lo es la dedicación, el trabajo. Eso es lo que te forja, te forma. Este ha sido el contacto que tuve con los Pallarols, la primera vez y cuando fuimos convocados por la Secretaria de Cultura de la Nación y El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en Buenos Aires. Nosotros, estábamos trabajando como capacitadores. Desarrollando talleres acá en el Sur de Salta y fuimos convocados para exponer en Tecnópolis y llevar una muestra de lo que habíamos logrado en esos talleres.

En ese momento estábamos capacitando artesanos de cuatro Municipios de Salta y tres de Tucumán en una zona limítrofe entre Tucumán y Salta. El Tala es una localidad está justo en el limite de estas dos provincias y bueno es una gran familia más allá de que sean dos provincias. Nosotros fuimos llevando el aporte que ha hecho la Nación y que ha sido llevar el conocimiento. Un aprendizaje para ellos en el complemento y en el terminado de sus productos. Las personas que hacen los trabajos en cuero para el caballo para un ensillado quedan muy bonitas y de gran valor cuando se le aplican metales, alpaca, bronce y ni hablar cuando es plata. Que también hay un requerimiento, importante de gran valor. Cuesta muchísimo en dinero pero hay mucha gente que invierte en esto. Y nosotros los hemos capacitado para hacer las aplicaciones de metal que van a darle un poco más de belleza, más valor a ese producto y por ende, la posibilidad de vender mejor.

Bueno esto ha sido la idea, el espíritu con que se ha impulsado este Programa. Un programa que implementó la Nación que se llama “Uno por veinticuatro”. Es un programa para las veinticuatro provincias. Este es un programa que se ha gestado, estuve en la génesis de este proyecto, en el año 2008 en la Fiesta Nacional de las Artesanías en Colón, Entre Ríos. Allí, en conjunto con el MATRA, Mercado de Artesanías Tradicionales Argentinas, la Secretaria de Cultura de la Nación, Desarrollo Social de la Nación, el IUNA (Instituto Universitario de Arte).

De Metán a Corea de un galopito, nomás

El año pasado se hizo una muestra en el edificio de la televisión pública, la Feria Navideña de Artesanías a la que fueron artesanos de todo el país. Fuimos invitados, pero no pudimos viajar en ese momento. Pero, sí hemos tenido oportunidad de exponer nuestros productos fuera de la Argentina, en el Yeosu, Corea 2012. Una feria de tres meses donde expusieron todos los países del mundo, ciento diez países entre los cuales estuvo Argentina con un predio importante y dentro de ese predio había también artesanías. Esto para nosotros es fundamental, esto es nuevo, los artesanos que venimos de años lo sabemos. Antes no solamente no teníamos espacio, sino que éramos expulsados de los espacios públicos. Nos costaba comercializar nuestros productos. Entonces ahora cuando tenemos la posibilidad de que un gobierno que nos motoriza, además, la capacitación, la comercialización, busca y crea espacios para participar en eventos donde se pueda vender cultura, pero principalmente la cultura popular.

La cultura popular antes no tenía mucha llegada. Por ahí el que canta, el que baila, más o menos la tenía. Pero el artesano era un poco más rezagado. Entonces, esto a nosotros nos alienta, nos mueve. Y ahí se va haciendo la vida y lo que da placer, crear belleza, dejar escuela, de alguna manera ir devolviendo lo que se recibió. No es eso de poner un negocito y ganar dinero –que está muy bien y hace falta- pero no es el objetivo. Hay una cultura, una tradición que nos viene del pasado y eso uno lo florea, le da una nueva visión, es renacer así, cada día. Yo creo que el verdadero artesano, es el que tiene sueños y lo busca concretar cada día, cada vez que dobla el lomo sobre el trabajito. Eso creo.

Ya afuera, en la calle, Metán sigue ardiendo. El sol desconsuela a los valientes. Lejos, hacia el oeste, las sierras subandinas, allí nace la Yunga y el mundo selvático. Ese es el mundo de Marcelo “Tito” Ortega, platero. Ya hace más de 20 años que Ortega y su familia se dedican a la fabricación de artesanías como mates, taleros, rastras y puñales. El orfebre tiene su taller ahí, en el Barrio Alberdi, en Metán –por si quiere pegar el grito, paisano. Y sumando méritos,
en 2008 y 2010 Ortega, fue premiado por la Unesco por el nivel de excelencia de sus trabajos.

Ortega tiene 58 años.

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