El neoliberalismo no se resigna al avance popular y pretende incendiar la pradera en Latinoamérica

Es hora de la unidad de los pueblos de América Latina, contra el proceso de ajuste continental y frente a la represión desatada en Ecuador y Chile ante la resistencia popular.

Exigir un inmediato reconocimiento del triunfo de Evo Morales Ayma en las elecciones de Bolivia y el cese de la campaña de desestabilización instrumentada a través de los medios de comunicación, al igual que en Argentina, frente a otro inminente triunfo del campo popular.

Ante el fracaso continental de instaurar una nueva etapa de gobiernos de derecha, imponiendo un brutal ajuste y endeudamiento sobre las espaldas de los pueblos, vuelven a surgir la resistencia popular y los triunfos democráticos.

Mismos planes que en la década del ’70 se impusieron con golpes militares, con un doloroso saldo de asesinatos y desapariciones. En esta nueva etapa intentan volver a imponerlos a través de elecciones democráticas (mientras les resultó la efímera oleada impuesta por un monopolio mediático a escala internacional), pero pronto desvirtuadas en un accionar ilegal, justificado por el funcionamiento de sectores Judiciales que vienen a reemplazar el rol de las fuerzas armadas. Desplazando gobiernos como en Honduras, Paraguay y Brasil, y persiguiendo a todes les dirigentes progresistas y continentalistas que gobernaron en un gran número de países desde el comienzo del siglo XXI.

Estos gobiernos populares lograron, en líneas generales, un gran aumento del PBI, un importante desendeudamiento, una baja en la desocupación y un avance en la igualdad de sus habitantes en el continente más desigual del mundo. Esto se pudo observar con gran claridad en Brasil, donde más de treinta millones de personas accedieron a ser parte de la clase media, y en el peor de los casos accedieron a comer tres veces al día. En Argentina estábamos cerca del hambre cero, reconocido por organismos internacionales como la Copal o el mismo FMI que reconocía, pese a lo heterodoxas de las medidas, las mejoras del pueblo en general.

La nueva etapa neoliberal quemó en tiempo récord su credibilidad, pese a estar más blindada que nunca por los medios hegemónicos de comunicación y representar a los sectores más concentrados del poder real y financiero. Uno de los síntomas de agotamiento es la brutalidad del ajuste, traducido en millones de trabajadores empujades a la desocupación, la baja salarial, la flexibilización, la destrucción de empleos de calidad y el ensañamiento con los sectores más dificultados para defenderse, agruparse y resistir: les niñes, les jubilades, y las personas con discapacidad. Estos sectores son quienes están viviendo el ajuste con mayor violencia.

El desmanejo económico es la lógica consecuencia de que la conducción de esta etapa esté en manos de los sectores de la especulación financiera, quienes no contemplan la situación de la producción, de los puestos de trabajo y de la integración social. Esta lógica parece no tener dirección política y esto se agrava en una situación en la que, quienes sostenían e impulsaban la globalización con su marco teórico, económico y hasta su justificación moral de mejoras, son justamente los primeros en abandonar y anunciar el fin de la globalización. En particular los gobiernos de Estados Unidos con Trump encerrado hacia adentro, y Gran Bretaña con su salida de la comunidad Europea.

En este presente, la pérdida de hegemonía en el mundo, el abandono de posiciones como en Siria, y los avances de China y Rusia en el mapa mundial, marcan la necesidad de EEUU de retomar liderazgo y para ello demostrar autoridad en lo que considera “su patio trasero”. Pero al no tener argumentos políticos ni financieros, y ni siquiera la ilusión de un futuro mejor, el fracaso de sus alquimias mediáticas y de gobiernos de derecha pasan a desarrollar una estrategia de desestabilización. Primero en países elegidos enemigos como Venezuela, Nicaragua y Cuba, y después ante la derrota o el descrédito de los gobiernos pro EEUU, generando caos social a través de tarifazos, devaluaciones y recortes de salarios, sugeridos o impuestos por el FMI.
Cuando los gobiernos que resisten al modelo neoliberal triunfan en elecciones, como en el caso de Evo Morales o el inminente triunfo de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, son atacados intentando su desestabilización. Esta operación no sólo se lleva adelante en Bolivia y Argentina sino que, a través de las redes internacionales de medios, la instalan en todo el mundo.

La vuelta de un gobierno popular en Argentina es una pieza clave en este tablero. No solamente por su ubicación y el tamaño de su economía, aún más por llegar a esta elección con una gran fortaleza y una proyección de casi 20 puntos de diferencia, consecuencia de 4 años de resistencia de organizaciones sindicales y sociales.
La respuesta es la urgente unidad de la Patria Grande Latinoamericana y la unidad de les trabajadores que se viene expresando a través de sus organizaciones y organismos internacionales.

El desafío es resistir este proceso destructivo para nuestros pueblos, pero también construir la opción de futuro. Opción que deberá sostenerse en la integración, en la colaboración, en el cuidado de nuestros valiosos recursos nacionales, en la complementariedad de nuestras producciones y nuestra actividad económica, y en el desarrollo de ciencia y tecnología. Permitir que América Latina sea protagonista de esta etapa Mundial como corresponde a su maduración histórica y política.