CTA Córdoba: la política y la esperanza

Por Carlos Girotti (*)
Palabras del secretario de Enlace Territorial durante el acto de asunción de la nueva
conducción encabezada por la compañera Leticia Medina.

Quiero que sepan que para mí es un momento muy emocionante estar aquí. Estoy muy acostumbrado a hablar en público, creo hacerlo medianamente bien, pero en algún lugar de la garganta tengo un nudo, porque en los últimos 12 años los compañeros de la Central me pidieron que me hiciera cargo de la comunicación de la Central y yo, sin saber demasiado de Comunicación, asumí la responsabilidad política de hacerlo y esta es mi primera tarea como Secretario de Enlace Territorial de la nueva conducción de la Central.

Y es justo aquí, en Córdoba, donde siendo casi un pibe, iluminado por la mirada del Gringo (Tosco), de Atilio (López), de tantos queridos compañeros y compañeras y siendo parte de aquella generación que fue tétricamente arrullada por los bombardeos en la Plaza de Mayo; que se alzó luego con la resistencia peronista y levantó las armas en los 70, Córdoba fue un faro para nosotros y nosotras.

Entonces, estar aquí, es una manera de devolverle a Córdoba, a las cordobesas y a los cordobeses que hicieron historia, la historia grande de la clase trabajadora argentina, un poquitito apenas, de lo que hemos recibido en todo ese tiempo.

En primer lugar, yo tendría que decir algo de forma, como “traigo el saludo de la Mesa Nacional …”. No. Quiero sí agradecer a Pablo Carro. Mi primer agradecimiento es a Pablo, porque ha sido un compañero durante todos estos años que, tomado por la responsabilidad del Parlamento, no abandonó ni un instante la mirada en Córdoba, la mirada en la realidad de su terruño y lo hizo con mucha humildad, con la misma humildad, por ejemplo, con la que Juan (Vitta) decía recién que él no es el referente del Frente Barrial. Les mintió. Juan es de esos compañeros que chapalean en el barro, que come el polvo de los caminos, que ha construido el Frente Barrial a imagen y semejanza de los grandes héroes de la patria. Él es un héroe de la Patria. Entonces yo quiero señalar esos rasgos de humildad de dos compañeros que son ejemplares: Pablo Carro y Juan Vitta.

Pero no puedo pasar por alto algo que señalaron todas y todos. A 30 años de la fundación de nuestra Central hay algo que ha comenzado a latir en la conciencia de cada una y de cada uno de nosotros y es la necesidad de refundar esta Central. Refundarla implica recuperar aquella sensibilidad que en los primeros años de la Central nos permitió detectar que entraba, ingresaba, irrumpía en la escena política nacional un nuevo sujeto. Lo mencionó Juan recién. En ese momento eran los “condenados de la tierra”, para decirlo con Frantz Fanon, eran los expulsados del mundo del trabajo. Eran los desocupados, las desocupadas, las que tenían que parar la olla en los fogones en Cutral Có, en Plaza Huincul, en el Sur. La Central, que ya había sido creada, descubrió que ahí había un sujeto que era imprescindible incorporar, en tanto que tal, en tanto que sujeto, en tanto que protagonista. Y ocurrió lo que todas y todos sabemos.

A 10 años de ese hecho, en diciembre del 2001, éramos la Central de los Trabajadores de la Argentina, la organización que se había legitimado en la resistencia contra el nuevo modelo de neoliberalismo, encarnado en el gobierno de la Alianza. Y, sin embargo, en diciembre del 2001 algo ocurrió. En esa trayectoria de legitimidad de los primeros 10 años, en diciembre del 2001, algo ocurrió en nuestra Central que impidió que pudiéramos entender de conjunto, colectivamente, de manera orgánica, lo que estaba ocurriendo en la base de la sociedad. Por eso fue una pequeña minoría de la Central la que votó a Néstor Kirchner. Una pequeña minoría que fue parte del 22% que votó a Néstor Kirchner.

Después vinieron otros hechos. El No al Alca, del cual fuimos protagonistas. Ustedes lo han visto en el documental. La historia de esta Central, es una historia sacrificada, si se quiere, pero no exenta de debate, de polémicas, de posiciones distintas, que con mayor o menor suerte fueron ventiladas públicamente.

La primera gran polémica ocurrió en 2008, cuando tuvimos que entender o no entender, que el arrebato que nos proponían los agrogarcas, era ni más ni menos, que atacar al gobierno nacional y popular de Cristina Fernández de Kirchner y ese debate atravesó al conjunto de la Central, hasta que en 2010 se produce la fractura.

Nosotros tenemos que ser conscientes de que esa fractura, lejos de fortalecer, estimular, de hacer que el conjunto del movimiento obrero avanzara, integró, formó parte de la debilidad del movimiento obrero. Sería una necedad de parte de nosotros enorgullecernos, envanecernos por aquella fractura.

Sin embargo, compañeras, compañeros, todos y todas han mencionado la unidad. La unidad, desde luego no es una palabra hueca. La unidad es una construcción social históricamente determinada. No hay unidad en cualquier momento, porque la unidad es producto de una disputa político ideológica al interior del campo del pueblo. La unidad no es una cuestión mágica. No sale por decreto. Es la construcción de una hegemonía política al interior del campo del pueblo. El tema es cómo se construye esa hegemonía.

Hoy al mediodía, a la tarde, mientras charlábamos, tomábamos mate, Olguita (Sayago) lo dijo, y recuperando esa charla, es hora que levantemos la voz. ¿Qué significa eso? Miren, fuimos nosotros los que tomamos la decisión de voltear las vallas. Un puñado de compañeros y compañeras que estábamos en la esquina de la casa de Cristina. Nosotros tomamos la decisión de voltear las vallas. Soy parte de los estatales de la Verde y Blanca, y decidimos convocar a un paro de los estatales el día de la pronunciada de esa condena contra Cristina y de marchar a la Plaza, diciendo que Cristina tiene que ser presidenta en el 2023.

Se puede decir que hay un gesto hasta heroico si quieren, pero la unidad no tiene que ver con esas cosas. La unidad tiene que ver con aquello que siente nuestra gente; la unidad tiene que ver con que si somos o no capaces de traducir en un programa político aquello que tiene que ver con la felicidad de nuestra gente. No es un ABC, no es un decreto que alguien promulgara en algún momento. El programa político de la unidad es ni más ni menos que la felicidad de nuestra gente. Nosotras y nosotros somos parte de la única clase que vive de su trabajo y no del trabajo ajeno.
Repito, vivimos de nuestro trabajo y no del trabajo ajeno. Y en esta condición de clase tenemos que plantear hoy en voz alta qué es lo que queremos y qué es lo que pretendemos para nuestro pueblo.

No se puede avanzar a tientas y a ciegas. Nosotros necesitamos plantear como un programa político de la unidad, la inmediata reestructuración de la deuda externa que es impagable. Porque todo lo que ha ocurrido hasta aquí ha sido la refinanciación de esa deuda, no la reestructuración. Por eso el ajuste está viniendo contra nosotros y no contra los ricos. Nosotros estamos padeciendo el ajuste que impone el cogobierno neocolonial del Fondo Monetario Internacional. Y tenemos que levantar la voz para decirlo, sin temor a equivocarnos.

Reestructurar la deuda impagable. Nosotros necesitamos plantear que la democracia, tal como la hemos conocido en los casi últimos 40 años ya no existe más. No existe más. Hay que atreverse a decirlo. La democracia es una democracia alambrada. Hay un ejército de ocupación que custodia ese alambrado de púas que la rodea y que tiene nombre y apellido. Está en Comodoro Py. Es el que maneja el entero sistema de administración de justicia de este país. Es la justicia que está al servicio de los poderosos y en contra de nosotros. Por eso Cristina está condenada. Por eso la “Negra” Milagro hoy ha sido condenada a 13 años y por eso nosotros si no levantamos la voz vamos a seguir yendo detrás de ellos al cadalso. Es hora de que nos levantemos. Es hora que digamos cosas que tienen que ver con la defensa de la democracia, pero no la democracia trucha de ellos. Nosotros queremos una democracia en donde la ciudadana, el ciudadano, ejerzan su derecho de ciudadanía, poniendo en la agenda de la sociedad las banderas del interés público y del bien común. No de la mierda de la soja, no los dólares de la soja, del vino, del turismo, de Qatar. Necesitamos poder plantear esto.

Y para esto una Central, que ha decidido que la paridad de género no es un dibujito, que la paridad de género está apoyada, cimentada, fundamentada, en el movimiento más revolucionario que existe en este país y en toda la región, que es el movimiento de los feminismos, se expresa así. Se expresa con una secretaria general al frente. Tenía razón el compañero de Luz y Fuerza. ¿Qué mejor garantía nosotros podemos ofrecerle al movimiento obrero cordobés que no sea que nuestras mujeres, nuestras compañeras nos dirijan, nos lleven al frente en la batalla, nos conduzcan y levanten las banderas de la historia de nuestra clase? ¿Qué mejor receta podemos tener que no sea esa? Nuestras compañeras.

No hay manera de acabar con el patriarcado, no hay manera de acabar con el machismo, que no sea ejerciendo este sentido de la democracia. Porque ejercer este sentido de la democracia es empezar a construir una fórmula de poder que no es la ocupación de los cargos. Que no es el loteo del aparato del Estado según sea la fuerza política en la que estás. La fórmula de un nuevo poder en la Argentina, debe basarse en el ejercicio directo de la democracia por intermedio de la ciudadanía. En los últimos veinte años hemos delegado en la superestructura política la presencia, la voz, la representación de la clase que vive de su trabajo y no del trabajo ajeno.

Ya basta. ¡Ya basta! Paremos con eso. Ahora sepamos una cosa, vienen momentos duros. Acá en esta sala hay gente que pagó con su sangre, con su cuerpo lacerado, violado y torturado la época más negra de este país. En esta sala está presente, pero lo que se viene es diferente. No tenemos libros para ello. No tenemos brújula para eso. No tenemos receta para eso. No hay un abecedario que nos conduzca en el balbuceo de ese idioma que dirá qué es lo que se viene. ¿Saben por qué? Porque hay que construirlo. Es una construcción histórica darle respuesta al desafío que tenemos por delante. Tenemos que aprender a nombrarnos a nosotros mismos. Tenemos que aprender a decir que nuestra identidad es una identidad parida en las calles, volteando vallas, haciéndole frente a quien tenga que hacérsele frente. Que no nos conforman ni con uno ni con cuatro cargos. No nos conforman. No nos van a parar con cargos. Esta es la cuestión que hay que decir. Esta es nuestra identidad.

De ahí nace la humildad de Juan Vitta, de ahí nace la humildad del compañero Pablo Carro. Porque ha sido amasada en una historia de lucha y nosotros tenemos que levantar esa historia de lucha como una bandera de identidad.

Compañeras, compañeros, este desafío es apasionante. Lo único que tenemos que saber para acometerlo, es que entre todas las banderas que hay que levantar tenemos que levantar una en particular: no hay destino para nosotros ni para nuestro pueblo, si no empezamos a recuperar el amor entre nosotros mismos. Si no empezamos a recuperar el cariño, la ternura, el saber espejarnos en los ojos, en la mirada de los otros, como si fuéramos nosotros mismos. Como nos enseñaron nuestros mayores; como nos enseñaron los que cayeron; como nos enseñaron aquellos que con absoluta dignidad enfrentaron a los verdugos. Esa es nuestra identidad y abandonarla en este momento es abandonar el futuro.
Piensen simplemente en los miles y miles que han salido a las calles, tras el triunfo en la semifinal, atados al botín izquierdo de Lionel Messi porque era la única felicidad posible, porque era la única esperanza posible. Nosotros, nosotras, tenemos que poder interpretar que si esa gente, que es nuestra gente, salió a la calle por un campeonato de fútbol es porque tenemos que empezar a construir una respuesta política que le dé respuesta a lo que dice, quiere, anhela, desea, nuestra gente.

La política es el arte de convertir a la esperanza en el sueño cotidiano de cada ser humano.
Gracias.

(*) Secretario de Enlace Territorial de la Mesa Nacional