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A cuarenta años del asesinato de Atilio López

Viernes 12 de septiembre de 2014, por Carlos Monestés (*)

El 16 de setiembre se cumplen 40 años de los asesinatos de Atilio López y de Juan José Varas, su acompañante en ese momento. Con el ex contador de la gobernación de Córdoba habían viajado a Buenos Aires a presenciar el partido de River en el Monumental; después fueron secuestrados y asesinados.

En la mañana del lunes sus cuerpos fueron encontrados en un descampado de Capilla del Señor, en la provincia de Buenos Aires. La identificación de Atilio López, así como la de Varas, no fueron inmediatas: sus cuerpos tenían más de 130 impactos de escopetas Itaka y pistolas 9mm.

En poco meses, desde fines del verano del 1974, el hombre que había participado de la Resistencia Peronista, el Cordobazo, la organización del movimiento sindical en Córdoba y que firmó la ponencia del programa de La Falda, perdió la vicegobernación de Córdoba, la CGT, su sindicato, la UTA y su propia vida.

Muchas cosas no le perdonaron a Atilio, entre otras, su convicción en la unidad del movimiento obrero al desgajarse del tronco vandorista; como también, quizás, haber jurado por la clase trabajadora cuando asumió como vice de Obregón Cano en un cargo que estaba destinado al sector más ortodoxo del sindicalismo cordobés.

La ofensiva contra la gobernación cordobesa empieza el 25 de enero de 1974, cuando en pleno y tórrido verano se recibe la orden desde Buenos Aires de derrocar al binomio triunfador en las elecciones del 11 de marzo de 1973, Obregón Cano- Atilio López. ¿A manos de quien?, pues a manos del ignoto jefe de Policía, el Coronel Navarro, un preanuncio de lo que luego sería toda una modalidad en nuestra América.

Lanzada esta ofensiva contra las gobernaciones que respondían al camporismo; en Córdoba, el grano en el zapato era la CGT que incluía a todos las representaciones sindicales de la provincia, entre ellas Luz y Fuerza, con la conducción de Tosco, y el SMATA de Salamanca. Contra estos y las “62” legalistas, el Ministro de Trabajo, Ricardo Otero, emprende una cruzada purificadora y ejemplificadora. Así se amaña, desde el Ministerio de Trabajo nacional, un irrepresentativo Congreso Normalizador que desplaza a Atilio Lópezde la conducción de la CGT cuando, ya en ese momento, era exvicegobernador de la provincia.

Atilio, luego de perder la vicegobernación y la CGT, pierde su gremio, la UTA, por 3589 votos contra 3246, en medio de un torrente de amenazas, presiones y dinero con los que le forman una lista opositora. Sin embargo, a Atilio López lo seguían sosteniendo importantes sindicatos de la provincia que componían las 62 “legalistas”: los mineros de AOMA , los empleados públicos del SEP, Petroleros Privados, Sindicato de la Madera, ATE, que contenía a IME (Industrias Mecánicas del Estado), SUTIAGA, etc. Por eso, el hombre que con el ascenso de un proceso político logró representar la lucha acumulada del pueblo, después de ser despojado y al mismo tiempo que avanza la reacción, vuelve a manejar colectivos. Su figura y ejemplo moral continuó y siguió siendo un eje en la vida sindical de Córdoba.

Después de la muerte de Perón, el 31 de Julio de 1974, todo se precipita. López Rega desplaza al gobernador interino, Duilio Brunello, y coloca como interventor federal al que fuera la cabeza de la Triple AAA cordobesa, el brigadier Lacabanne. Ocho días después, Atilio López es asesinado y 23 días mas tarde, el SMATA y el Sindicato de Luz y Fuerza son asaltados. Agustín Tosco pasa a la clandestinidad hasta su muerte.

El entierro de Atilio y el traslado de su féretro desde su humilde barrio de Colonia Lola, en las afueras de Córdoba, hasta el cementerio de San Jerónimo, duró horas y cruzó toda la ciudad. Una inmensa caravana de colectivos y decenas de miles de personas despidieron al gran Atilio López en una Córdoba que ya empezaba a ser distinta.

Transcribimos un fragmento del discurso de Ricardo Obregón Cano en la despedida de los restos de Atilio López:

“(…)Pagó así su temeraria lucha contra la dictadura de 1955; pagó su obstinada resistencia a las autocracias instaladas a partir de 1966; pagó su liderazgo ganado no en la sospechosa negociación de los despachos provinciales sino en la dura fragua de la lucha en la calle; pagó su virtuosa honradez que lo mantuvo alejado de la degradación y el apetito materialista que envilecen a muchos de sus detractores. Por todo eso te mataron, Atilio. Eligieron bien. Eligieron al mejor de todos nosotros, a la figura arquetípica de la Córdoba de la Resistencia”

ATILIO LOPEZ, ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

(*) Secretario Gremial, CTA Ciudad de Buenos Aires

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